El Mundial de Sudáfrica 2010 quedó marcado a fuego en el corazón de los uruguayos. Y no sólo de la gente. Los jugadores también lo vivieron como hinchas dentro de la cancha. Diego Lugano, con la pluma de Hugo Viglietti, recuerda lo sucedido en la Copa del Mundo y habla de lo que vendrá. Ovación, en exclusiva, repasa algunos capÃtulos del libro que lanzará en los próximos dÃas el capitán de la Celeste. EN ANDAS DEL PUEBLO. El avión estaba por partir, la azafata miraba a Diego con cara cada vez más enojada. Ella no tenÃa ni idea de por qué ese hombre no paraba de hablar por su celular y con los demás pasajeros. En un momento gesticulaba serio, en otro se reÃa y cada vez que ella insistÃa en sus indicaciones, le ponÃa una sonrisa y le decÃa "un minuto nada más". Desde hacÃa un buen rato Diego discutÃa a varias bandas, por el celular hablaba con Pedro Abuchalja que ayudaba desde Montevideo y en el avión, con sus compañeros y los dirigentes sobre la caravana prevista al regreso.
Las discusiones habÃan comenzado dÃas atrás. Desde un primer momento los dirigentes de la delegación hicieron saber a los jugadores la intención de organizar una caravana al regreso a Montevideo y luego una ceremonia. En primera instancia los jugadores se mostraron reticentes. La frustración de no haber podido obtener la medalla que deseaban dedicar a la gente, era una herida que dolÃa y estaba fresca. "No hemos ganado nada, no lo merecemos", repetÃan varios.
No obstante las noticias que venÃan de Montevideo eran contundentes. Todo Uruguay estaba orgulloso de ellos, habÃa una impresionante efervescencia popular y la gente ansiaba recibirlos por todo lo alto. Se hablaba que se suspenderÃan las clases para que niños y jóvenes pudieran presenciar el regreso y que hasta el Presidente de la República irÃa a la ceremonia. Todos recibÃan los mismos comentarios y se fueron convenciendo de que sÃ, que era asÃ. TenÃan su cuota de razón los dirigentes. Finalmente con la opinión contraria de un par de jugadores que igual aceptaron la posición mayoritaria, se decidió aceptar la propuesta de una caravana y una ceremonia.
Pero una vez más los imponderables se harÃan presente. Cuando todo estaba previsto para llegar el lunes temprano… se atrasó la salida del avión y luego se atrasarÃa aún más la llegada al paÃs. Eso llevó a nuevos intercambios de opiniones entre jugadores y dirigentes. Esta vez eran los dirigentes y los técnicos los que cedÃan la derecha a los jugadores, por cuanto los honores del regreso eran predominantemente para ellos. Y entre los jugadores habÃa opiniones encontradas. Varios querÃan hacer la caravana sà o sÃ, a la hora que llegaran. Algunos porque lo veÃan más espontáneo, otros porque deseaban irse luego con las familias que hacÃa un largo mes y medio no veÃan, otros tenÃan que partir al dÃa siguiente para el exterior. Diego por su parte trataba de pensar como el uruguayo medio… se ponÃa en el lugar de quienes esperaban en Montevideo… y pensaba que era cruel una caravana nocturna. Muchos opinaban como él pero como siempre, decidirÃa la mayorÃa. Y Diego hablaba a través del celular con la gente que en Montevideo trabajaba en la organización… y a la vez buscaba argumentos para terminar de convencerlos a todos… y la azafata que estaba pesada…







